ÚLTIMAS LECTURAS: MARIANA ENRÍQUEZ / PÄR LAGERKVIST
Matías
tiene quince años. Vive en una zona humilde de la ciudad que en los últimos
años se ha convertido en un territorio peligroso, dominado por la delincuencia
y la droga. El modo en que se produce esta transformación es de lo más
expresivo: las casitas bajas que constituían el núcleo original se van viendo
poco a poco rodeadas por edificios altos, como intrusos que las vigilan desde
su enorme estatura. Lo que era un barrio de gente trabajadora y sencilla se
convierte así en una amenazadora colmena. En ese ambiente de deterioro
imparable, se desarrolla la vida familiar de Matías, que nunca ha sido fácil.
El padre que pasa de los abusos al abandono, la madre que se inhibe, el hermano
ausente y la hermana víctima de un accidente que la sume en un estado físico y
mental difícilmente soportable son los componentes de la dura rutina que Matías
debe afrontar a diario y que le hace concebir el comprensible deseo de «desaparecer
completamente».
Hasta ahora
conocía a Mariana Enríquez como autora de relatos inquietantes en los que las
fronteras entre lo real y lo irreal se vuelven difusas, en los que lo cotidiano
deriva de forma inexplicable –y angustiosa—hacia lo insólito. En su primera
novela, Cómo desaparecer completamente, el talante sombrío de la escritora
está ya presente, pero tiene un fuerte anclaje en el más descarnado de los
realismos. No hay margen para el misterio o lo sobrenatural en esta historia
que bucea en el lado más sórdido de la existencia. Mariana Enríquez nos lleva
de la mano por situaciones extremas y desagradables, que entran en ocasiones en
el terreno de lo esperpéntico, y lo hace combinando una mirada inmisericorde
con notas de humor negro, pero también con una exquisita ternura en el trazado
del protagonista, el muchacho vulnerable y atípico que sobrevive al horror
cotidiano gracias a la esperanza de reencontrarse con su hermano ausente,
personaje al que el afecto y la añoranza han elevado a la condición de héroe.
Empezar a leer la novela y querer a este chaval sensible y desasistido es todo
uno. Acompañarlo en su devenir diario y en sus intentos de sacar la cabeza por
encima de un ambiente asfixiante es toda una experiencia de lectura, a la vez
durísima y entrañable, plena de humanidad.
Como supongo que le sucederá a la mayoría
de lectores de mi entorno, mi conocimiento del escritor sueco Pär Lagerkvist era
hasta ahora indirecto y provenía de la célebre adaptación al cine de su novela Barrabás,
dirigida a comienzos de los sesenta por Richard Fleisher y protagonizada
por un intensísimo (cuándo no) Anthony Quinn. No sé lo que quedará del universo
de la obra original en dicha versión tan al gusto de Hollywood, pero sospecho
que no mucho. Así pues, mi primer contacto con este escritor que ganó el Premio
Nobel en 1951 (hasta eso desconocía) se ha producido de la mano de la novela
titulada El enano. Ha sido un contacto un tanto azaroso, dificultado por
la que creo que es la única traducción al castellano que existe hasta la fecha,
a juzgar por los resultados de mis pesquisas. Ojalá me equivoque. O mejor:
ojalá alguna editorial decida rescatar este texto y lanzarlo al público hispanohablante
con una traducción a la altura y realizada a partir de la lengua original. Es
inevitable pensar que sería una labor perfecta para Nørdicalibros.
Pero centrémonos en la novela de Lagerkvist. El enano cuenta las vivencias de un bufón de un príncipe en una corte de la Italia renacentista. Es el propio protagonista quien las narra, no con la serenidad que da la perspectiva de los años, sino con la urgencia y el desorden de un diario. La novela se estructura por lo tanto sobre fragmentos en los que el narrador protagonista va relatando los sucesos a medida que se desarrollan y mientras está inmerso en ellos, lo que da pie a errores, contradicciones y un constante asombro, euforia o desilusión ante el repentino cambio del curso de las cosas. Cuando lo conocemos, este personaje que se niega a considerarse a sí mismo un bufón está intensamente aburrido con su papel en la corte, en especial con su obligación de ejercer de confidente de la esposa del príncipe o de divertir a la hija de ambos. La declaración de guerra a una familia noble vecina trae consigo el descubrimiento de su auténtico interés en la vida. Porque este personaje sin nombre se manifiesta un enamorado de las armas, pleno de ardor bélico y gozoso espectador de la violencia del campo de batalla. A pesar de su limitación física, se pasea orgulloso por el campamento militar cubierto por una armadura y portando su espada, en una expresiva plasmación gráfica del horror y el absurdo de la guerra. He comentado antes que nuestro protagonista no tiene nombre, pero tampoco lo tiene la corte indeterminada en la que transcurre la acción, que adquiere así un carácter abstracto y simbólico. Quien busque en El enano una novela histórica al uso, llena de detalles y cuidadosa en lo que respecta a la ambientación, quedará sin duda defraudado; la acción transcurre no tanto en el mundo físico como en un plano abstracto y universal. Todo sucede, en realidad, en la cabeza de este personaje temible, taimado, cruel, encarnación de los males que azotaban Europa en el momento en que la novela fue escrita, a finales de la Segunda Guerra Mundial. Pronto el lector comprende que el autor no está interesado en una recreación histórica sino en construir una parábola del lado más siniestro de la condición humana. En este sentido, he de decir que la novela tiene un final impresionante, que no me quito de la cabeza pero que no voy a desvelar aquí. Solo diré que esos últimos párrafos son una imagen brutal del carácter inevitable de la guerra, de su alianza indisoluble con la humanidad, de la oscura amenaza que supone incluso en los momentos ilusorios en que parece reinar la paz.



Comentarios
Publicar un comentario