GREGARISMO
Esta foto de un tropel de encantadoras ovejas ha estado a punto de darme un serio disgusto. También me ha proporcionado amplia materia para la reflexión. Se trata de una imagen obtenida en la Fiesta de la Trashumancia, celebrada ayer en Madrid, consistente en la irrupción en la capital de un buen número de ovejas y cabras que hacen un recorrido hasta el meollo mismo del corazón urbano. Una especie de ramalazo del mundo rural que se cuela por la puerta de la Casa de Campo, un recordatorio de los viejos tiempos que avanza imparable hacia el centro histórico entre la expectación de urbanitas y turistas. Debo aclarar aquí que siento especial debilidad por estos animales a los que nuestro imaginario utiliza como símbolo de la locura (las cabras) y de la estúpida mansedumbre (las ovejas). Me inspiran ternura, me encanta observarlos. Soy incapaz de comérmelos. Recuerdo que de niña albergué por un tiempo un nunca expresado deseo de convertirme en pastor (lo pensaba así, en masculino, porque ...






