ÚLTIMAS LECTURAS: MARGARET ATWOOD / SEICHO MATSUMOTO

Grace Marks ha sido condenada por doble asesinato. Su cómplice ha terminado en la horca, pero a ella, en atención a su extrema juventud y a las dudas existentes en torno a su participación en los hechos e incluso a su estado mental, se la mantiene recluida primero en un manicomio y después en un penal. Allí la conoce Simon Jordan, un joven médico encargado de determinar si la prisionera está o no cuerda. Es mediados del siglo XIX y distintas corrientes se disputan el estudio del comportamiento humano. A Grace le han medido el cráneo para calibrar su propensión al crimen y más adelante será hipnotizada para forzarla a una confesión. Al doctor Jordan le interesan los recuerdos y la posibilidad de traer a la consciencia lo que el individuo ha olvidado; pretende rescatar las circunstancias en que sucedieron los asesinatos, que están cubiertos por episodios de amnesia y sonambulismo de la reclusa. Las entrevistas entre el médico y la posible asesina son el eje vertebrador de Alias Grace, una novela de Margaret Atwood que es en primera instancia la apasionante reconstrucción de un crimen real que conmocionó a la sociedad canadiense en 1843 y un agudo análisis de los factores que sitúan a una persona en la posición de matar, pero también una reflexión sobre el carácter esquivo de la realidad y la imposibilidad de conocer realmente al otro.

Durante las charlas con el médico, la laboriosa Grace tiene siempre las manos ocupadas. Es una excelente costurera y se dedica a elaborar colchas con retales. La imagen no es casual: esas piezas creadas a base de ensamblar telas de diversa procedencia son un símbolo de una realidad poliédrica, formada por fragmentos que no siempre encajan del todo o que incluso se invalidan unos a otros. En consonancia, Atwood construye su novela por medio de la superposición de puntos de vista. Diálogos entre médico y prisionera, recuerdos de Grace narrados en primera persona, intervenciones de otras voces a través de las cartas que intercambian distintos personajes e incluso fragmentos de artículos periodísticos y de testimonios reales de la época forman un panorama múltiple y trazan una realidad que nunca es lo que parece y que se escurre entre los dedos cuando se está a punto de alcanzarla, como la intrigante personalidad de la protagonista.

Las novelas de Seicho Matsumoto suelen contener alguna imagen de poderoso simbolismo, que recoge la esencia de la historia y que queda prendida en el recuerdo del lector (al menos, en el de esta lectora) cuando ya se han borrado los detalles de la trama. En ocasiones, se trata de un objeto que juega un papel fundamental en el desvelamiento de un misterio, como los innumerables horarios de tren que consulta compulsivamente el investigador de El expreso de Tokio, y que plasman, con su enrevesada red de horas, destinos y estaciones, el carácter laberíntico de las vidas de los seres humanos, que esconden más de lo que muestran. Otras veces es un escenario donde ocurre un hecho fundamental de la historia, como la calle en la que muere de forma inesperada la esposa del protagonista de Un lugar desconocido y que refleja, con su pronunciada cuesta y su ausencia de peatones, la dura labor de descubrir los rincones oscuros de una persona sobre la que se creía conocerlo todo. Así sucede también en Punto cero con la presencia inquietante del turbulento mar del Japón, que golpea con furia las rocas de los acantilados y que está unido a la violenta desaparición de varios personajes.

Teiko, la protagonista de Punto cero, es una recién casada que ha contraído un matrimonio de conveniencia y que siempre ha deseado viajar al norte del país. En este simple enunciado están contenidos los elementos básicos sobre los que se construye la historia: su marido es un completo desconocido y, cuando desaparece sin dejar rastro, la joven debe viajar a ese norte para ella tan deseado y que se convertirá en el escenario de una pesadilla. Los paisajes cubiertos por la nieve, las nubes de tormenta que se ciernen sobre el agitado mar y las peligrosas carreteras llenas de bruma son el telón de fondo de un proceso de indagación en el que, como ya sucedía en Un lugar desconocido, la policía ocupa un segundo término y cede el protagonismo a una investigadora ocasional. La acción transcurre a finales de los años cincuenta, cuando la sociedad japonesa intenta dejar atrás el recuerdo de la derrota en la Segunda Guerra Mundial (el «punto cero» al que se refiere el título de la novela), pero sin poder evitar que los largos tentáculos de aquella catástrofe se extiendan hacia el presente. Así sucede con las panpan, muchachas a las que la necesidad económica obligó a ejercer la prostitución con los soldados estadounidenses y que desafiaron a la conservadora sociedad japonesa adoptando la indumentaria occidental. Muchas de ellas se han convertido en mujeres con una vida acomodada y están dispuestas a cualquier cosa con tal de que su pasado no salga a la luz. Matsumoto construye con estos elementos una trama en la que lo privado y lo común se dan la mano y en la que impera un tema recurrente en su narrativa: la perturbadora idea de que todo el mundo, incluso la persona más cercana, es en el fondo un desconocido.

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