CONTENIDO SENSIBLE
En torno a 1618, el pintor boloñés Guido Reni plasmó sobre un lienzo una historia extraída de las Metamorfosis de Ovidio: la de la veloz Atalanta y su pretendiente Hipómenes, quien para conseguir casarse con ella debe vencerla en una carrera y que se sirve para ese fin de una treta ideada por su protectora, la diosa Venus. Reni refleja en su cuadro el momento culminante de dicha estratagema, en el que Atalanta se inclina para recoger la segunda de las manzanas de oro arrojadas al suelo por su rival, sin sospechar que este guarda en la mano oculta a su espalda la tercera y definitiva de las frutas, la que hará que Atalanta pierda por completo su ventaja y sea derrotada en la carrera. El cuadro es de un tamaño notable y los personajes ocupan casi todo el espacio, con lo cual se crea un efecto impactante: son dos cuerpos grandiosos, de dimensiones sobrehumanas, pintados con un difícil equilibrio entre idealización y realismo. El visitante que pasea por la galería central del Museo del Prado se fijará sin duda en estas figuras de casi dos metros de altura y tal vez se sienta abrumado por su perfección, sus actitudes majestuosas y el extraordinario estudio de sus anatomías. El astuto Hipómenes y la ágil Atalanta no existen, es evidente, pero gracias a la maestría de Reni alcanzan otro tipo de existencia, no menos real que la de aquellos que los contemplan.
Se estará preguntando el lector atento
qué tiene que ver toda esta exposición sobre pintura barroca y mitos clásicos
con la fórmula que da título a esta entrada: «contenido sensible». Yo también me
lo pregunté en su momento. Haciendo oídos sordos a tan perentoria advertencia, abrí
el vídeo que se ocultaba tras ella. En él se oía la voz de Bernardo Pajares, del
equipo de redes sociales del Museo del Prado, explicando la historia mitológica
que acabo de narrar. La cámara de su móvil (era un vídeo transmitido en directo)
grababa de forma alterna el cuadro de Guido Reni y su vecino, un precioso
lienzo de Annibale Carracci, boloñés como Reni, que recoge la escena de las Metamorfosis
de Ovidio en que la diosa Venus le cuenta a su amante Adonis la historia de
Atalanta e Hipómenes. Una historia dentro de otra historia, un cuadro que
parece desplegarse a partir de otro. La encantadora Venus de Carracci, con el
pecho herido por una flecha lanzada por su hijo, el juguetón Cupido, le habla a
su enamorado sobre la veloz Atalanta, remisa al matrimonio, y sobre el audaz (y
tramposo) pretendiente que consiguió rendirla. Le habla también del cruel
destino de los jóvenes, transformados posteriormente en leones por haber
provocado la ira de la diosa Cibeles. Casi me parece estaros oyendo, amigos
lectores: ¿dónde está el contenido sensible? ¿Por qué los filtros de la red
social han detectado este vídeo sobre arte y cultura como molesto u ofensivo y
previenen a sus posibles espectadores? ¿Es por la presión ejercida sobre Atalanta
para que elija marido, a pesar de su rechazo al matrimonio? ¿Por la desvergonzada
artimaña de Hipómenes para retardarla en su carrera? ¿Por la inconsciente
diversión de Cupido, que lanza flechas incluso contra su propia madre,
induciéndola a una pasión que solo le provocará dolor? ¿Por la intervención de
la implacable Cibeles, que somete a los jóvenes a un tormento eterno en
venganza por haberla ofendido…? Ah, no, se me olvidaba. Casi todos los
protagonistas de esta doble historia están desnudos. Atalanta e Hipómenes en el
cuadro de Reni, Venus y Cupido en el de Carracci. Jóvenes, inmortales, bellos y
desnudos. Contenido sensible.



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