LA NOCHE EN QUE MURIÓ FEDERICO

La noche del 18 de agosto de 1936 no hubo luna. Este dato carecería de interés si no fuera porque esa fue la noche en que cayó asesinado Federico García Lorca. (Bien pensado, todas las lunas, todas las noches tienen interés. En todas ellas se produce el hecho infausto, en todas ellas sucede lo irreparable al menos para uno solo de los habitantes de este mundo terrible).

Pero volvamos a  García Lorca. El gran experto en la materia, Ian Gibson, en su metódica y cuidadosa reconstrucción de la vida del genio, obtuvo de un astrónomo del observatorio de Greenwich la información que acabo de mencionar. El detalle de que la noche en que murió Lorca fue especialmente oscura se incluyó a partir de entonces en numerosos relatos sobre sus últimas horas, según he podido comprobar en la red. Yo lo ignoraba hasta ayer, o puede que lo haya sabido en algún momento y olvidado después. Tal vez no se lo había oído contar a la persona adecuada. 

La ilustradora murciana Ilu Ros acaba de presentar una biografía ilustrada de García Lorca editada por Lumen y que responde al sobrio y emotivo título de Federico. Tuve la ocasión de oírla hablar ayer por la radio, en una entrevista matinal (ventajas del horario de tarde) y me cautivaron la sencillez y entusiasmo con las que relató el desarrollo de su proyecto. Esta mujer joven, de voz más juvenil todavía, destila admiración hacia el genio granadino. Contó cuál había sido la fuente de inspiración para algunas de sus ilustraciones y, cuando llegó a la que reflejaba la muerte del poeta, se detuvo en el detalle de la luna. No había luna la noche en que fusilaron al poeta, explicó. Y añadió, con delicioso candor, que al descubrirlo sintió casi enfado: ¿cómo era posible que el más grande glosador de nuestro hermoso satélite, el que lo convirtió en personaje de sus romances y de su obra teatral Bodas de sangre y le dio la categoría de mito, muriera en una noche sin luna? Pero los artistas plásticos tienen el mundo en la punta de sus lápices y pinceles, así que Ilu Ros decidió enmendarle la plana a la historia y, ya que no podía evitar la muerte de Federico, la dibujó bajo la luna. La misma luna que se repite como un leitmotiv a lo largo de todo el libro, desde la misma cubierta.

Yo no tengo esa capacidad; solo puedo reconstruir la escena con las imágenes de mi mente y volcarla después en palabras. Y en mi evocación de aquella noche terrible, un cielo cerrado y negro se cierne sobre el momento del vil asesinato. No es por fidelidad histórica. Para mí, no podría ser de otro modo: la luna no quiso verlo.

Comentarios

  1. Está claro, la luna se marchó. No quiso presenciar la muerte del que tanto la glosó.

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  2. Es inevitable pensar en los desgarradores versos escritos por el propio Lorca a la muerte de su amigo Ignacio Sánchez Mejías:

    "¡Que no quiero verla!

    Dile a la luna que venga,
    que no quiero ver la sangre
    de Ignacio sobre la arena."

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  3. He oído decir por lugareños de aquellas tierras que aquella misma noche sin luna unas monjas se acercaron y recogieron al malherido poeta. También que con las mejores intenciones de quienes respectan y cuidan la creación se lo llevaron hasta su convento. Lugar donde el poeta se quedó sin fuerzas y su cuerpo vacío y abandonado, pero nunca su esencia inmortal, fue llorado y sepultado en secreto.

    Ahora, según esta historia, sus restos también continuarían ocultos bajo las aguas, las de un pantano a las afueras de Granada. Allí también quedó sepultado el hogar sagrado de las religiosas.

    ¿Vivimos o no vivimos todavía en aquella España, la de los vencidos y la de los vencedores, la que nos sigui empequeñeciendo? ¿O estamos realmente más cerca de reconocer y respectar los valores universales que nos unen y hacen grandes? Si nos hablara Lorca sobre lo que nos mueve quizás nos volvería a decir...

    "...solo el misterio nos hace vivir"

    Gracias Federico, te siento por todas partes, cerca, muy cerca.

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