POEMAS ENJAULADOS

Una mujer de mediana edad llega a la cárcel en la que se la ha condenado a pasar los siguientes veinte años de su vida. Entra en la celda: es un lugar inmundo. Va a darse una ducha: idéntica suciedad. En un instante de revelación, la mujer comprende que no está allí para cumplir condena ni para desesperarse, sino para cambiar aquel lugar y volverlo habitable. Decide decorar una pared de la celda con los humildes materiales que tiene a mano, cáscaras de pipas, semillas de fruta. Embellece así el estrecho cubículo en el que, una vez tumbadas sus compañeras y ella, apenas queda espacio para moverse entre los cuerpos yacentes.

Esta mujer es la poeta y profesora iraní Mahvash Sábet, ejemplo de una categoría humana que nos denigra como especie, la de los presos de conciencia. Y esta anécdota la escuché de labios de una de las traductoras de sus versos al español, con ocasión de la presentación de su libro Poemas enjaulados el pasado 23 de abril en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. Fue un acto precioso, en el que personas de variados perfiles profesionales se reunieron para glosar la figura de esta autora, recitar sus versos, ponerles música y trazar el panorama de las tareas pendientes en cuestión de derechos humanos en el panorama mundial. No se me ocurre una forma mejor de celebrar el Día del Libro.

Mahvash Sábet pertenece a la comunidad bahá`í de Irán, minoría que es objeto de una represión inmisericorde en dicho país. Apartada de su actividad profesional y sometida a un simulacro de juicio, fue condenada, junto con varios compañeros, a dos décadas de cárcel de las que, por fortuna, solo ha llegado a cumplir la primera. La mitad de la injusticia, la mitad del horror. La mitad de vida perdida. Si es que tales conceptos son cuantificables.

Aparte de una mujer valiente y un firme apoyo para todas las presas que coincidieron con ella durante su condena, Mahvash Sábet es una poeta altísima. En sus versos habla de sus compañeras de prisión, en especial de su querida Fariba, con la que compartió celda durante sus primeros años de condena. Se salta los muros de la cárcel para cantar a la libertad añorada y a la naturaleza atisbada desde el encierro. Se sube sobre su propia vulnerabilidad para dar testimonio de un proceso interior basado en la fortaleza y el deseo de superación. Y lo hace con un lenguaje claro y expresivo, lleno de imágenes sugerentes y de emoción, que sus traductoras al español, Ryma Sheermohammadi y Amaya Blanco, han vertido a nuestra lengua con una aparente facilidad que encierra largas horas de trabajo y reflexión.

Me veo en el apuro de seleccionar un poema del libro para terminar esta entrada y me inclino por dejar dicha elección en manos de sus editores. La edición bilingüe de la editorial Pre-Textos viene acompañada por un precioso marcapáginas en el que aparece el poema titulado Gorrión. Un ejemplo del lenguaje limpio y emotivo de esta autora, así como de su imparable capacidad para volar.

Comentarios

  1. Gracias Beatriz por dejar tan bien plasmado lo vivido este 23 de abril.
    Los relatos de Mahvash, los tuyos y los de miles de mujeres valientes en todo el mundo son necesarios para contribuir al mejoramiento del mundo, a los procesos de paz y justicia. Gracias por ser parte de este cambio. Clarisa

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  2. Fue un placer asistir a la presentación del libro y ha sido un placer escribir sobre lo que allí tuve la suerte de presenciar. En efecto, las palabras de las mujeres valientes son claves para mejorar el mundo. Si además son tan hermosas como las de Mahvash, se convierten en un regalo para todos.

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