ENCUENTROS CON DANTE
Todo empezó
el pasado mes de septiembre, en un viaje a la Costa Brava con una obligada
parada en Figueras para visitar el Teatro-Museo Dalí. No se trataba de mi
primera incursión en ese universo abigarrado y extravagante; quizá por ello, o
por encontrarme en una etapa vital distinta a la de la primera vez, mi atención
estuvo en esta ocasión más prendida de los detalles que de las grandes
instalaciones o las vistosas ocurrencias del más mediático de los surrealistas.
En una galería del piso superior, alejada de la marea de turistas que contemplaban
embobados barcos suspendidos en lo alto o maniquíes en enigmáticas poses, di
con una serie de grabados de Dalí que no conocía. ¿No estaban allí expuestos
hace ya dos décadas, en mi primera visita al museo? No estoy segura; tal vez mi
memoria haya omitido su recuerdo en favor de imágenes más espectaculares. Lo
que sí puedo afirmar es que, en esta ocasión, no va a suceder lo mismo. Este
conjunto de grabados delicados y discretos, alejados del tumulto de otras zonas
del museo, constituyen el primero de los cuatro encuentros con Dante que me
dispongo a relatar en esta entrada.
A raíz de un encargo del gobierno italiano, Dalí realizó en la década de los cincuenta una serie de acuarelas para ilustrar la Divina Comedia. El encargo fue cancelado, pero las ilustraciones vieron finalmente la luz a través de una edición francesa. Las acuarelas, y sus correspondientes grabados, son maravillosos: expresivos, sobrios, llenos de sugerencias. Lo mejor de un pintor para mí con frecuencia excesivo se encuentra en estas imágenes que ilustran el viaje de Dante y, por extensión, el de cualquier ser humano enfrentado a los vaivenes de la existencia. Me atrae de forma especial la ilustración que abre la serie, titulada Partida para el gran viaje. En un espacio limpio y despejado, una figurita inconfundible (¿sería tan emblemático el poema de Dante de no ser tan reconocible la figura de su autor?) se yergue en mitad del vacío. Delante de ella, una suave loma recorrida por una hilera del más espiritual de los árboles, el ciprés. A su espalda, un camino rectilíneo que se pierde de forma vertiginosa en la distancia. Solo, pequeño y vulnerable, el divino Dante se dispone a emprender el viaje que lo volverá inmortal. Qué grande es Dalí cuando mide sus recursos y va directo a la captura de lo esencial.
Junto a las sombrías visiones de Rauschenberg se pueden contemplar los clásicos y archiconocidos grabados de Doré, creador de la imagen más reconocible del poeta viajero y de su guía por los territorios infernales. Los conozco desde niña, pero no me canso de mirarlos y, en cada nueva contemplación, encuentro algún detalle nuevo. Esta vez me ha llamado de forma poderosa la atención el énfasis de Doré en la fragilidad del poeta. Tal vez la selección de la muestra me haya llevado a ello: allí se puede ver a Dante replegado sobre sí mismo, refugiado bajo el manto de Virgilio o incluso desmayado ante el horror que debe contemplar. Un Dante vulnerable, que no esconde su miedo y que forma con su acompañante un hermoso dúo de amistad y apoyo. He dudado mucho qué grabado elegir del buen número de los que se exhiben en la exposición y me he quedado finalmente con el que señala el final del viaje terrible. Apoyados hombro con hombro, como dos compañeros a los que una experiencia intensa ha unido para siempre, Dante y Virgilio contemplan una brecha en la roca por la que se atisba la luz del mundo exterior. Es el final de la pesadilla, la vuelta al mundo de los vivos. En estos tiempos que vivimos, que percibimos (tal vez siempre sea así) como los más convulsos vividos, este hermoso grabado me parece una necesaria invitación a la esperanza.



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¡Me encanta esta entrada! Dante, Dalí, Virgilio... Y tu mirada y tu escritura. Maravilloso.
ResponderEliminarNo he leído aún la Divina Comedia; mi ya crónica falta de paciencia me lo ha impedido hasta ahora, pero esta entrada me muestra un buen motivo para hacerlo: la visión de Dante como otro Odiseo en su viaje del héroe, ese trayecto que al menos una vez en las vidas, todos debemos recorrer para saber, al fin que demonios hacemos aquí...
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