42 NOMBRES
La imagen que encabeza estas líneas es el cartel situado al final de la exposición Prerrafaelismo. Itinerarios femeninos, que se puede ver en la sala Recoletos de la Fundación Mapfre de Madrid hasta el 10 de enero del año próximo. Es un colofón realmente singular; he visto muchas exposiciones en ese espacio y el muro que une la última de las salas con el ascensor suele estar ocupado por ejes cronológicos, datos biográficos y fotografías que recogen momentos de la vida de los artistas expuestos. En este caso, se ha optado por un escueto cartel de color gris en el que aparecen los nombres de las cuarenta y dos artistas cuyas obras acaba de contemplar el visitante. No es necesario más.
Esta va a ser una entrada sobre pintura sin pintura. No incluiré cuadro alguno, a pesar de que la muestra contiene un buen número de obras que han suscitado mi interés e incluso me han emocionado, obras que demuestran increíble pericia, talento, imaginación, sensibilidad. Dejo para otra ocasión (y futuras entradas) comentar algunas de ellas. Ahora me centraré en este cartel cuya visión resonó en mi cerebro como un aldabonazo. Contiene, como ya he señalado, los nombres de cuarenta y dos mujeres artistas, la mayoría pintoras, pero también una fotógrafa y varias diseñadoras. Todas ellas son contemporáneas de los miembros del movimiento prerrafaelista, unidas a ellos por intereses y estilo, y en algún caso por lazos profesionales y de parentesco. Quienes amamos este movimiento pictórico que fusiona la evocación de tiempos legendarios y míticos, la exquisitez de los pintores del primer Renacimiento y una atenta captación de la naturaleza estamos más que familiarizados con los nombres, obra y milagros de sus representantes masculinos: Dante Gabriel Rossetti, William Holman Hunt, John Everett Millais, William Morris, Edward Burne-Jones. Pero ¿y ellas? ¿Cuántos de estos cuarenta y dos nombres de mujer que nos interpelan desde un muro nos son familiares?
Hablaré por mí. La figura de la lista que me resulta más conocida es la fotógrafa Julia Margaret Cameron, creadora de bellísimos retratos en los que se difumina la frontera entre lo pintado y lo recogido por una lente fotográfica. Se me ocurre que a finales del siglo XIX tal vez resultara más fácil para una mujer destacar en un arte incipiente que hacerse un hueco en el cenáculo de los pintores. Pero hubo quien lo logró, como la segunda artista de la lista a la que conozco: la pintora Evelyn de Morgan, de enorme éxito en su época, autora de estilizadas recreaciones de temas mitológicos y de escenas de fuerte carga simbólica. Casi al final aparece el nombre de Elizabeth Siddal. Aunque no se reconozca su nombre, es fácil recordar su imagen a través de la conmovedora Ofelia de Millais, para la cual posó (con grave riesgo para su salud) sumergida en agua, como la heroína shakespeariana a la que el río se lleva hacia la muerte, rodeada de flores. Lo que la exposición nos da la oportunidad de descubrir es que, además de una modelo de rasgos delicados y voluntad de hierro, Elizabeth Siddal fue una pintora de talento. Otro nombre de la lista tal vez nos llame la atención: Anna Alma-Tadema. Es, por supuesto, hija de Sir Lawrence Alma-Tadema, el artista que impactó al público victoriano con sus suntuosas visiones del mundo clásico. Yo la recuerdo —a Anna— con unos seis años, vestida de blanco y con un libro bajo el brazo, en un delicioso retrato infantil realizado por su padre. Gracias a esta exposición he descubierto que aquella encantadora niña, al crecer, se convirtió en pintora.
Ese es mi modesto bagaje: cuatro nombres de una lista de cuarenta y dos. Los demás me son desconocidos o al menos lo eran antes de entrar en la exposición. Os animo a acudir a verla. Además de la gratificación inmediata que proporcionan las obras expuestas, es una excelente oportunidad de compensar una de tantas omisiones de los historiadores del arte y rescatar los nombres de estas mujeres artistas de la indiferencia y el olvido en el que han estado sumidas. Ahí las tenemos, las que pasaron a la posteridad como hijas de artistas y modelos y las que fueron borradas del recuerdo. Rebosan talento y nos entregan belleza a manos llenas. Qué hermoso acto de justicia es contemplar sus obras.

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