UNA BOFETADA
«Es desgarrador. Una bofetada antes de salir».
No sé si la voz que ha sonado a mi espalda pertenece
a un hombre o a una mujer. Es grave y cadenciosa y se mantiene en un terreno
indeterminado que me hace dudar. En realidad, no me importa; no así el mensaje que
transmite, que pone con precisión en palabras las emociones que me asaltan
desde hace unos segundos, los que llevo detenida frente a unas obras que
suponen el punto final de la exposición que acabo de visitar. Se trata de dos grabados
de la artista alemana Kätthe Kollwitz, desconocida para mí hasta ese momento.
El grabado que ha suscitado mi interés en primer
lugar es una representación dinámica, en la que puede verse una figura femenina de
espaldas y con la atención dividida entre dos niños, uno que mira hacia su
rostro con fijeza y otro que tira de su falda de forma imperiosa. Las actitudes
infantiles están plasmadas con encantador realismo y el primer impulso del que
contempla el grabado es sonreír ante la imagen misma del agobio materno causado
por la demandante vitalidad de los hijos pequeños. Pero la incipiente sonrisa
se hiela ante el título de la obra: Pan. El correspondiente término
alemán aparece al pie de las tres figuras, seguido de una exclamación, como si
fuera la petición angustiada que sale de la garganta de los chiquillos, el
grito silencioso de la mujer cuyo rostro no vemos.
Junto a este grabado se expone otro de la misma autora en el que aparecen también una mujer y dos niños. Pueden ser los mismos personajes que acabamos de ver representados. O no. Los chiquillos están inmóviles, cobijados en la falda de la madre. Esta extiende el brazo hasta estrechar una mano cuyo dueño no alcanzamos a ver. La escena respira una congoja inexplicable. El título viene de nuevo a aclarar el sentido de la obra: Mujer confía en la muerte. Ya sabemos a quién pertenece la mano huesuda que aparece salida de la nada. Ya sabemos la intención que se alberga bajo el gesto resignado de la madre.

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