CONTRADICCIONES

Las gramáticas del castellano lo dejan bien claro: la conjunción pero sirve para enlazar dos elementos entre los cuales se establece una relación de contrariedad u oposición. La teoría no deja lugar a la duda; es de esos elementos de la lengua que no presentan apenas dificultad para los estudiantes. De hecho, las oraciones coordinadas adversativas son distinguidas con facilidad, incluso por los alumnos más remisos a la sintaxis. Pero la práctica es otra cosa. Es ahí donde aparecen usos, me parece a mí, desviados de la norma. O tal vez no lo sean tanto. Simplemente es que las realidades que se contraponen en el cerebro de cada cual dicen mucho de su forma de concebir el mundo.

Empecemos con una frase que directamente me enrabieta. Se trata de una apreciación muy común frente a una película, novela o pieza musical: Es muy triste, pero es bonita. Hago notar mi protesta. Según esto, solo se pueden considerar “bonitas” las comedias desternillantes, las historias con final feliz y las canciones que desprendan alegría de vivir. Apreciar la belleza de las manifestaciones artísticas en las que predominen la melancolía, la amargura o la angustia se queda para los cenizos, entre los cuales –creo que es evidente a estas alturas— me incluyo sin vacilar.

Voy con otro ejemplo. Lo leí ayer mismo en la reseña de una novela de la recientemente desaparecida narradora estadounidense Toni Morrison. Decía así: Esta breve pero poderosa novela… Vaya. Después de la tristeza, vamos con la brevedad. Al parecer, la intensidad y el poderío se consiguen al rebasar una determinada barrera (¿trescientas páginas?, ¿cuatrocientas?). Por debajo de eso, a los novelistas no les queda más que aspirar a una correcta tibieza. Apartemos de un manotazo La metamorfosis, Desayuno en Tiffany’s y Bartleby, el escribiente, por poner los primeros ejemplos que se me han venido a la cabeza. ¿Se puede leer de un tirón…? Pues entonces no es poderoso. Ya lo sabéis, amigos escritores: a rellenar folios sin tregua, en aras de la intensidad.

(Se me ocurre un pero final, que nada tiene que ver con lo artístico: Es jornada electoral, pero aquí estoy yo reflexionando sobre la gramática. Más de uno me devolverá mis razonamientos anteriores y opinará que el nexo adversativo no viene al caso, porque el sentido de ambas oraciones no se contrapone, y que, por tanto, se podrían unir con la siempre unánime y complaciente conjunción y. Pero pero– para mí sí hay, desgraciadamente, tensión entre fuerzas opuestas. Por un lado, el desencanto, la incertidumbre y la preocupación (por no decir declarado temor) que esta jornada me inspira. El ruido y el malestar, el enconamiento en las posturas, las divergencias que se cuelan incluso en las relaciones personales. Por otro, mis divagaciones y mi escritura, el puesto privado y silencioso frente a la pantalla del ordenador y este espacio virtual en el que me gusta refugiarme cuando el mundo me supone una amenaza. En estos rincones apacibles creo que voy a andar cobijada todo el día. Pero, eso sí, saldré de ellos para ir a votar.)

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